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Porque tenemos que volver a soñar…

Noviembre 22, 2007

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Siempre me sentí atraído por el situacionismo, inicialmente porque me encontré de pura casualidad con un pensamiento seudo político que se basaba en gran parte en el sueño, la acción imaginativa y la provocación poética. Una corriente casi filosófica que, pese a carecer de sentido práctico en política, es imposible que deje de identificarme con ella, con su sinsentido. Tal vez sea porque, conforme pasan los años, la realidad se va diluyendo cada vez más…

La revuelta estudiantil en mayo de 1968 en Paris fue impulsada por ideas muy próximas a las que recogen los situacionistas, otro de los puntos que también me atraen de este pensamiento. Pero si tengo que explicar por qué me apasiona tanto lo referente a Debord y el situacionismo es, precisamente, su conceptualización.

Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.

¿Qué es el situacionismo? pues aquí van unas definiciones para todos aquellos que se lo pregunten:

Situación construida: Momento de la vida construido concreta y deliberadamente para la organización colectiva de un ambiente unitario y de un juego de acontecimientos.

Situacionista: Todo lo relacionado con la teoría o la actividad práctica de la construcción de situaciones. El que se dedica a construir situaciones. Miembro de la Internacional Situacionista.

Situacionismo: Vocablo carente de sentido, forjado abusivamente por derivación de la raíz anterior. No hay situacionismo, lo que significaría una doctrina de interpretación de los hechos existentes. La noción de situacionismo ha sido concebida evidentemente por los antisituacionistas.”

(Definiciones publicadas en el número 1 de “Internationale Situationniste”, 1 de junio de 1958).

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